John Lennox lanza un desafío a los cristianos: “No tengan miedo de compartir su fe”

El reconocido matemático y apologista cristiano advierte que muchos creyentes permanecen en silencio por temor a las preguntas difíciles y a la presión de una sociedad que prefiere mantener la fe en el ámbito privado.

¿Por qué tantos cristianos tienen miedo de hablar de Jesús?

En una sociedad donde las convicciones religiosas suelen considerarse un asunto estrictamente privado, hablar abiertamente de Jesucristo puede convertirse en un desafío para muchos creyentes. El temor a las críticas, las preguntas difíciles o el rechazo de compañeros de trabajo y amigos lleva a algunos cristianos a guardar silencio sobre aquello que consideran la verdad más importante de sus vidas.

Frente a esta realidad, John Lennox, reconocido matemático de la Universidad de Oxford y defensor público de la fe cristiana, hizo un llamado a los creyentes a compartir el evangelio con mayor confianza y sin dejarse intimidar por las presiones culturales.

En una entrevista con la organización cristiana Solas, publicada por Christian Today y difundida por The Christian Post el 23 de octubre de 2026, Lennox sostuvo que el testimonio cristiano no es una responsabilidad exclusiva de pastores, teólogos o especialistas en apologética. Cada creyente puede hablar de lo que Cristo ha hecho y explicar por qué confía en Él.

Al recordar una expresión del estudioso bíblico F. F. Bruce, Lennox destacó que el Nuevo Testamento no presenta el silencio como el modelo habitual del creyente. También insistió en que todos los cristianos están llamados a ser testigos de Jesús.

Su mensaje plantea una pregunta necesaria para la iglesia de hoy: ¿estamos compartiendo el evangelio con valentía o estamos permitiendo que el miedo determine cuándo y cómo hablamos de nuestra fe?

El miedo al rechazo puede silenciar el testimonio cristiano

Uno de los problemas señalados por Lennox es que algunos creyentes se sienten incómodos cuando alguien cuestiona sus convicciones. Aunque pueden tener una profesión, una formación académica o experiencia en diferentes campos, no siempre dedican el mismo esfuerzo a profundizar en las Escrituras y comprender las razones de su esperanza.

Cuando aparecen preguntas sobre el sufrimiento, la existencia de Dios, la confiabilidad de la Biblia o la relación entre ciencia y fe, algunos cristianos se avergüenzan de no tener una respuesta inmediata y prefieren evitar la conversación.

A esto se suma una cultura que, en ocasiones, acepta las creencias religiosas siempre que permanezcan en el ámbito privado y no se expresen públicamente.

Sin embargo, el llamado bíblico es diferente. En 1 Pedro 3:15, el apóstol exhorta a los creyentes a estar preparados para presentar defensa de la esperanza que hay en ellos, haciéndolo con mansedumbre y reverencia.

Este pasaje no invita a la arrogancia ni a la confrontación innecesaria. Enseña que los cristianos deben conocer aquello que creen y estar dispuestos a explicar su esperanza de una manera respetuosa.

El problema, por tanto, no consiste únicamente en tener miedo de hablar. También puede existir una falta de preparación bíblica que hace que el creyente se sienta incapaz de responder cuando alguien plantea una objeción.

Para Lennox, la apologética no debe considerarse una actividad reservada a personas con conocimientos filosóficos extraordinarios. Su propósito es defender la verdad de la fe cristiana y ayudar a aclarar las dificultades que impiden a algunas personas comprender el mensaje del evangelio.

No necesitas ser pastor para compartir el evangelio

Uno de los aspectos más importantes del mensaje de Lennox es que el testimonio cristiano no está limitado a quienes predican desde un púlpito.

Un padre puede hablar de Cristo con sus hijos. Un estudiante puede explicar sus convicciones a sus compañeros. Un trabajador puede dar testimonio de su fe en el entorno laboral. Un creyente puede compartir el evangelio con un amigo que atraviesa una crisis o que tiene preguntas acerca de Dios.

Esto no significa que todos deban desempeñar las mismas funciones dentro de la iglesia. La Biblia reconoce diferentes dones y responsabilidades, pero el llamado a dar testimonio de Cristo no se limita a los ministros del evangelio.

En Hechos 1:8, Jesús declaró a sus discípulos que recibirían poder cuando el Espíritu Santo viniera sobre ellos y que serían sus testigos. La misión cristiana, por tanto, no depende exclusivamente de la capacidad de hablar en público, sino de la obra de Dios y de la fidelidad de quienes anuncian a Jesucristo.

Además, compartir el evangelio no significa que cada conversación deba convertirse en una discusión religiosa. Puede comenzar con una pregunta sincera, una conversación sobre el sentido de la vida o una oportunidad para explicar cómo las Escrituras responden a una inquietud.

El centro del testimonio no es demostrar que el cristiano sabe más que los demás, sino anunciar quién es Jesucristo, por qué vino al mundo y cómo su muerte y resurrección constituyen el fundamento de la salvación.

La pregunta no es si todos los cristianos tienen que convertirse en expertos en debates, sino si están dispuestos a dar razón de su esperanza y hablar fielmente de Cristo cuando se presenta la oportunidad.

¿Qué hacer cuando alguien plantea preguntas difíciles sobre la fe?

Lennox también ofreció una recomendación práctica: los cristianos no deben fingir que conocen todas las respuestas.

Cuando una persona plantea una pregunta para la que no tenemos una explicación suficiente, es mejor reconocerlo con honestidad que improvisar una respuesta o recurrir a afirmaciones sin fundamento.

Admitir que no sabemos algo no significa renunciar a nuestras convicciones. Puede ser una oportunidad para estudiar las Escrituras, consultar fuentes confiables y continuar la conversación en otro momento.

Esta actitud también comunica respeto hacia quien pregunta. Demuestra que sus inquietudes son tomadas en serio y que el creyente está dispuesto a buscar una respuesta responsable.

La preparación es importante. Los cristianos necesitan crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios, comprender las doctrinas fundamentales de la fe y aprender a distinguir entre las objeciones legítimas y los argumentos que parten de una comprensión equivocada del cristianismo.

No obstante, el conocimiento debe ir acompañado de humildad. La verdad bíblica no necesita ser defendida mediante insultos, burlas o actitudes orgullosas.

En 2 Timoteo 2:24-25, Pablo enseña que el siervo del Señor debe ser amable para con todos, apto para enseñar y sufrido, corrigiendo con mansedumbre a quienes se oponen.

Por eso, responder a las preguntas difíciles no consiste en ganar todas las discusiones. Se trata de explicar con fidelidad lo que enseña la Biblia, escuchar con atención y mantener una conducta coherente con el evangelio que anunciamos.

Compartir la fe no significa imponer nuestras creencias

En sus declaraciones, Lennox advirtió contra la tendencia a tratar las conversaciones sobre religión como competencias en las que alguien tiene que derrotar a su interlocutor.

Ganar una discusión y alcanzar el corazón de una persona son cosas diferentes. Un cristiano puede presentar argumentos correctos y, aun así, actuar de una manera que contradiga el carácter que debe acompañar su testimonio.

Esto no significa que debamos ocultar las verdades bíblicas para evitar incomodar a los demás. El evangelio confronta el pecado y llama al arrepentimiento, pero debe anunciarse con fidelidad, amor y respeto.

Cada persona debe ser tratada con dignidad, incluso cuando no comparte nuestras convicciones. Escuchar no significa aprobar todas las ideas, así como hablar con firmeza no exige comportarse con agresividad.

El propio Jesucristo es el modelo supremo para los creyentes. Su verdad no estaba separada de su carácter, y su trato con las personas mostraba tanto la seriedad del pecado como la autoridad y compasión de su ministerio.

Por eso, la evangelización no debe confundirse con la presión emocional ni con la manipulación. El propósito es proclamar el mensaje de salvación y llamar a las personas a reconciliarse con Dios por medio de Jesucristo.

En Juan 14:6, Jesús declaró que Él es el camino, la verdad y la vida. El cristianismo no se reduce a una filosofía que se discute en términos abstractos: anuncia a Cristo, quien vino a salvar a pecadores y a reconciliarlos con Dios.

El lugar de trabajo también puede convertirse en una oportunidad para dar testimonio

Lennox señaló que el entorno laboral puede ser un espacio donde los creyentes manifiesten su fe mediante su conducta y sus conversaciones.

En ocasiones, la integridad, la paciencia, la honestidad y la manera de enfrentar las dificultades despiertan preguntas en quienes observan la vida de un cristiano. Estas oportunidades pueden abrir la puerta a conversaciones sobre las razones de su esperanza.

Sin embargo, una buena conducta no sustituye la proclamación del evangelio. Las obras pueden respaldar el testimonio, pero no comunican por sí solas toda la verdad acerca del pecado, la cruz y la resurrección de Jesucristo.

En Romanos 10:14, Pablo plantea la importancia de anunciar el mensaje para que las personas puedan oír y creer. El evangelio necesita ser comunicado, y los creyentes tienen la responsabilidad de hacerlo de manera comprensible y fiel a las Escrituras.

Esto requiere sabiduría. No todas las conversaciones se desarrollan de la misma manera, y cada contexto presenta desafíos particulares. Pero el temor a la opinión de los demás no debe convertirse en la razón habitual para esconder nuestras convicciones.

La iglesia necesita recuperar el valor de anunciar a Jesucristo

El llamado de John Lennox invita a examinar una dificultad que afecta a muchos cristianos: la distancia entre afirmar que el evangelio es verdadero y estar dispuestos a compartirlo públicamente.

La iglesia necesita creyentes que conozcan las Escrituras, comprendan las doctrinas fundamentales de la fe y sepan explicar con claridad por qué la salvación se encuentra en Jesucristo. También necesita personas que escuchen con paciencia, respondan con mansedumbre y no se avergüencen de anunciar la verdad.

En Marcos 16:15, Jesús comisionó a sus discípulos a predicar el evangelio. La misión de la iglesia no consiste en adaptar el mensaje para que resulte aceptable a todas las sensibilidades culturales, sino en proclamarlo fielmente y depender de Dios para los resultados.

El testimonio cristiano tampoco depende de que cada creyente tenga una personalidad extrovertida o domine todas las discusiones. Puede comenzar con una conversación sencilla, una invitación a leer un pasaje bíblico o una explicación honesta de lo que significa confiar en Cristo.

La confianza para hablar del evangelio no debe descansar en nuestra elocuencia, inteligencia o capacidad de convencer a otros. Descansa en la verdad del mensaje que anunciamos y en la fidelidad de Dios.

Conclusión: ¿Estamos dispuestos a hablar de nuestra fe sin avergonzarnos de Cristo?

Las palabras de John Lennox recuerdan que el miedo al rechazo no debe convertirse en una excusa permanente para guardar silencio sobre el evangelio. Los cristianos están llamados a crecer en el conocimiento de la Palabra, prepararse para responder a las preguntas y tratar a los demás con respeto.

Pero, sobre todo, están llamados a mantener a Jesucristo en el centro de su testimonio.

En Romanos 1:16, Pablo afirma que no se avergüenza del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Esta convicción debe animar a la iglesia a anunciar el mensaje de Cristo sin orgullo, sin manipulación y sin temor a las presiones culturales.

En una época en la que muchas personas prefieren que la fe permanezca en silencio, la iglesia tiene una responsabilidad ineludible: proclamar que Jesucristo murió por los pecadores, resucitó y llama a todos al arrepentimiento y a la fe.

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