La fe silenciosa que marcó la vida de Alisson Becker hoy se ha convertido en una confianza pública y profunda en Jesucristo, forjada entre triunfos y pérdidas fuera de la cancha. El portero brasileño compartió cómo su relación con Dios dejó de ser algo distante para tornarse el centro de su historia personal.
Alisson contó a The Players’ Tribune que, aunque creció en un hogar cristiano, durante años vivió una fe más cultural que relacional. “Cuando yo era joven, éramos cristianos ‘de casa’… yo creía en Dios, pero creía en un Dios distante”, recordó al hablar de su infancia.
Con el paso del tiempo, las experiencias de la vida —“tanto alegrías como dolores”— le mostraron un Dios cercano. “A medida que fui creciendo… percibí que Dios está más cerca de lo que puedes imaginar”, explicó, describiendo un cambio interior que no se dio de un día para otro, sino en medio del camino.
Para Alisson, la fe en Jesús no se reduce a frases hechas ni a emoción pasajera. “La fe no es algo que pueda verse, ni siquiera expresarse en palabras… es una fuerza mucho más poderosa que un simple sentimiento o un eslogan. Es la confianza plena en el Hijo de Dios, Jesucristo”, afirmó.
El guardameta del Liverpool subrayó que creer no es solo decir “yo tengo fe”, sino aprender a apoyarse totalmente en Cristo, sobre todo cuando la vida duele. En su testimonio, dejó claro que esa confianza no lo aísla del sufrimiento, pero le da un lugar donde sostenerse cuando todo parece tambalear.
Uno de esos momentos límite fue la muerte repentina de su padre, en medio de la temporada 2020-2021. “Mi madre me llamó y dijo que había ocurrido un accidente y que mi padre se había ahogado en el lago cerca de casa. Todo lo que recuerdo es sentirme completamente perdido”, relató.
Alisson recordó a su padre como un hombre fuerte, también portero, que marcó su vida y carrera. En el duelo, el cariño y la cercanía de sus compañeros de equipo se volvieron una expresión concreta del cuidado de Dios: “Podía sentir el amor de mis compañeros, que me ayudaron a superar el momento más difícil de mi vida”.
Tres meses después de aquella tragedia, nació su hijo Rafael, y con él, un símbolo de esperanza. “Para mí y mi esposa fue como si la esperanza renaciera… una luz brilló nuevamente en nuestras vidas. Su nombre tiene un significado especial. Viene del hebreo y significa ‘Dios curó’”, compartió.

