Una misión de demolición teológica se convirtió en el camino hacia la salvación para un hombre que creía tener todas las respuestas.
A los 35 años, el judío Ed Grifenhagen tomó una decisión audaz: leería toda la Biblia para demoler la fe cristiana. Viniendo de una familia judía devota en Estados Unidos, nadie jamás le había compartido el Evangelio de Cristo. «Pensé: si no voy a creer, necesito leer lo que afirmo no creer. Dije: ‘No debe ser tan difícil refutar’. Fue la cosa más arrogante que jamás dije», confesó Ed en entrevista
Entonces Ed, leyó el Antiguo Testamento. Cuando llegó al final, una certeza inesperada lo invadió. «En septiembre, terminé y entonces pensé: esto no puede ser el final de la historia», afirmó. La narrativa sagrada exigía continuación, como si las páginas mismas clamaran por un desenlace que solo podía encontrarse más allá de la Torá.
Sin una Biblia completa en sus manos, Ed se vio obligado a un acto clandestino que su identidad religiosa consideraba tabú. «Entré escondido en una librería cristiana porque estaba aterrorizado de que mi padre me viera entrar allí. Luché para comprar un Nuevo Testamento porque buenos chicos judíos no leen el Nuevo Testamento», relató. Cada paso hacia la caja registradora era una batalla contra años de condicionamiento y temor al rechazo familiar.
Su búsqueda no se limitó a las Escrituras. Ed también leyó obras del apologista cristiano Josh McDowell y de Lee Strobel, el periodista ateo que se convirtió a Cristo tras investigar la evidencia histórica. Estas lecturas complementaban su estudio bíblico con argumentos racionales que desafiaban su escepticismo previo.
Un año después de iniciar sus estudios para refutar al Dios de los cristianos, Ed llegó a una conclusión diametralmente opuesta a la que había imaginado.
La fe surgió como respuesta a la evidencia acumulada. «El libro en el cual yo decía no creer, acabé creyendo que cada palabra era verdadera, infalible e inerrante. Simplemente clamé al Señor para que me salvara», declaró. En ese momento, el judío pasó a creer en Jesús como el Mesías y se convirtió. «Pasé de perdido a redimido», resumió su transformación.

