Reportes recientes señalan que el rapero puertorriqueño Bad Bunny usará el medio tiempo del Super Bowl para rendir homenaje a “íconos queer” y a “generaciones de drag, resistencia y rebeldía cultural”, lo que ha encendido el debate entre familias y sectores conservadores.
Fuentes cercanas al equipo de vestuario, recogidas por RadarOnline y replicadas por portales como Whiskey Riff y USA Today FTW, describen el concepto como “un rayo político disfrazado de alta costura”. «Le encanta la controversia. Vive para romper límites. Va a llevar un vestido al cien por cien por cien, habría dicho uno de los estilistas involucrados, mientras otro añadió: «No está jugando a lo seguro. La NFL no tiene ni idea de lo que viene. Cero».
Desde la otra vereda, medios y otros portales afines a la comunidad LGBT celebran que el show “será tan queer como sea posible”, presentándolo como «una respuesta directa a las críticas de sectores vinculados a MAGA y a la derecha religiosa». De acuerdo con estas fuentes, el objetivo declarado es usar el escenario del Super Bowl para visibilizar a figuras LGBT puertorriqueñas, intérpretes drag y activistas queer, convirtiendo el medio tiempo en un manifiesto cultural.
La NFL, por su parte, ha salido a respaldar la elección pese a la polémica. El comisionado Roger Goodell declaró que Bad Bunny es “uno de los artistas más populares del mundo” y que la decisión fue “cuidadosamente pensada”, añadiendo que el show será “emocionante y un momento de unidad”, aunque reconociendo que siempre hay “críticas y reacciones” con cualquier artista que se elige.
El clima de polarización ha llevado a que grupos conservadores impulsen una alternativa. Turning Point USA, organización conocida por su activismo político de derecha, confirmó que tiene en marcha un “halftime show alternativo” para el mismo Super Bowl 60, con la promesa de ofrecer un contenido “pro-América” y, según destacaba Charisma, “sin hombres en vestidos”. Aunque aún no han revelado el cartel ni el formato definitivo, afirman que el evento “está 100% en pie” y busca captar a quienes están insatisfechos con el enfoque de la NFL.
La crítica no es a Bad Bunny como persona, sino a la lógica y decisiones de convertir uno de los mayores escenarios deportivos del planeta en una plataforma para mensajes ideológicos que chocan con los valores conservadores sobre sexo, cuerpo y familia sobre los cuales fue fundada la nación. Tradicionalmente visto como espacio familiar, ahora el show expone a millones de niños a símbolos y discursos que normalizan modelos de identidad y expresión de género contrarios a la ética sexual cristiana histórica.
Muchos analistas cristianos indican evitar respuestas llenas de ira y recuerdan que la Biblia nos llama a discernir los tiempos sin perder el enfoque en la misión: enseñar a sus hijos en casa, vivir una fe coherente y usar estas polémicas como oportunidades para dialogar sobre santidad, gracia y verdad. En lugar de solo “apagar la tele”, invitan a los padres a explicar por qué la cosmovisión cristiana difiere de la narrativa cultural dominante y a modelar una respuesta basada en convicción y amor, no en odio.

