Abelardo de la Espriella habla de Jesucristo en su posesión: ¿un cambio de convicción o una promesa que deberá demostrar con hechos? (+video)
Colombia estrena presidente y también abre un debate entre los cristianos: ¿qué debemos pensar cuando un gobernante que generó dudas por su pasado como ateo ahora habla públicamente de Jesucristo, de Dios y de valores cristianos?

La posesión presidencial de Abelardo de la Espriella dejó una imagen que seguramente seguirá provocando debate entre los cristianos colombianos: el nuevo mandatario habló abiertamente de Jesucristo, de su confianza en Dios y de la necesidad de recuperar determinados valores para el país.
En su primer discurso como presidente, De la Espriella comenzó haciendo referencia a Dios y agradeciendo a “Nuestro Señor Jesucristo”. Más adelante afirmó: “El que está de rodillas delante de Dios, jamás será vencido” y cerró con una expresión contundente: “¡Firmes por la patria, que viva Cristo Rey!”.
Para algunos cristianos, estas palabras representan una señal positiva. Para otros, sin embargo, todavía existe una pregunta difícil de ignorar: ¿cómo debe evaluar la Iglesia las declaraciones religiosas de un político cuyo pasado generó cuestionamientos sobre sus convicciones?
El pasado no debe ignorarse, pero tampoco debe convertirse en el único criterio
Durante la campaña presidencial, el pasado de De la Espriella como ateo fue utilizado por algunos sectores para cuestionar la autenticidad de sus actuales declaraciones de fe.
La preocupación no es completamente irrelevante.
Para el cristianismo bíblico, la fe en Dios no consiste simplemente en utilizar un lenguaje religioso. Tampoco consiste en mencionar a Jesucristo durante un discurso público.
La Escritura enseña que la verdadera profesión de fe debe producir frutos.
Jesús dijo:
“Por sus frutos los conoceréis”.
Mateo 7:16, RVR1960.
Por eso, los cristianos tampoco deberían caer en el extremo contrario: asumir automáticamente que alguien es un verdadero creyente solamente porque menciona a Dios o a Jesucristo.
La pregunta bíblica no debería ser solamente qué dijo el presidente durante su posesión, sino también qué hará cuando tenga que tomar decisiones difíciles.
Jesucristo no puede convertirse en una simple referencia política
Aquí aparece uno de los puntos más delicados para la Iglesia.
Que un presidente hable de Jesucristo públicamente puede ser recibido con respeto. Pero los cristianos deben recordar que Cristo no pertenece a ningún partido político, ideología o proyecto de gobierno.
Jesucristo no necesita la aprobación de un presidente.
El presidente, en cambio, necesita reconocer que está bajo la autoridad de Dios.
La Biblia declara:
“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos”.
Romanos 11:36, RVR1960.
Por eso, si el nuevo gobierno realmente pretende hablar de Dios, tendrá que comprender que la autoridad de Dios no se limita a los discursos religiosos.
Dios también juzga la justicia, la corrupción, la honestidad, la protección de los débiles, el ejercicio de la autoridad y la forma en que se trata al prójimo.
La Iglesia no debe convertirse en fanática de ningún presidente
Este puede ser uno de los mayores desafíos para los cristianos durante los próximos cuatro años.
Si un presidente habla de Dios, algunos cristianos pueden sentirse tentados a convertirlo rápidamente en un “presidente cristiano”.
Pero la Iglesia debe tener cuidado.
Un gobernante que menciona a Cristo no se convierte automáticamente en un gobernante cristiano.
Y, de la misma manera, un gobernante que alguna vez fue ateo no significa que esté condenado para siempre a permanecer en esa posición.
El cristianismo cree en la transformación.
Saulo persiguió a la Iglesia y terminó proclamando a Cristo.
Eso significa que el pasado de una persona no debe utilizarse para negar de manera absoluta la posibilidad de un cambio. Pero también significa que una profesión verbal debe ser examinada a la luz de sus frutos.
La Iglesia debe evitar tanto el cinismo como la idolatría política.
El verdadero examen comenzará ahora
La posesión terminó.
Los discursos terminarán.
Las cámaras se apagarán.
Y comenzará el verdadero desafío.
De la Espriella prometió recuperar el orden, la autoridad y la libertad; también habló de combatir el crimen, enfrentar la corrupción, fortalecer las instituciones y gobernar para todos los colombianos.
Ahora deberá demostrarlo con decisiones concretas.
Y aquí los cristianos deben observar cuidadosamente.
Porque un gobierno no demuestra sus principios solamente cuando habla desde una tarima. Los demuestra cuando administra el poder.
Un presidente puede hablar de Dios y actuar injustamente.
También puede haber gobernantes que no compartan plenamente la fe cristiana y, sin embargo, promuevan determinadas políticas compatibles con principios de justicia y orden.
Por eso, la Iglesia debe mantener una postura bíblica: agradecer aquello que sea bueno, denunciar aquello que sea malo y evaluar todo a la luz de la Palabra de Dios.
¿Qué significa entonces que Abelardo de la Espriella haya hablado de Cristo?
Significa, al menos, que el nuevo presidente decidió colocar explícitamente a Dios y a Jesucristo dentro de su discurso público de posesión.
Eso merece ser registrado.
Pero no debe convertirse en una conclusión teológica sobre su corazón.
Solamente Dios conoce perfectamente el corazón humano.
La Biblia dice:
“No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.
Juan 7:24, RVR1960.
La Iglesia tampoco debería responder con sospecha automática ni con entusiasmo ingenuo.
Debe observar.
Debe orar.
Debe discernir.
Y debe recordar que su esperanza nunca estuvo puesta en la Casa de Nariño.
Colombia necesita algo más profundo que un cambio de presidente
Este es quizás el punto más importante.
Colombia puede cambiar de presidente sin cambiar su corazón.
Puede cambiar sus leyes sin cambiar sus valores.
Puede cambiar su discurso político sin abandonar sus pecados.
El problema fundamental de una nación no se soluciona únicamente desde el Palacio de Gobierno.
La Biblia presenta una realidad mucho más profunda: el problema humano está relacionado con el pecado y la rebelión contra Dios.
Por eso, la Iglesia no puede depositar su esperanza definitiva en un mandatario, por conservador, progresista, liberal, nacionalista o religioso que sea.
Nuestro Rey es Cristo.
Nuestro fundamento es la Palabra.
Nuestra esperanza es el evangelio.
Y nuestra responsabilidad es anunciar la verdad.
La pregunta que los cristianos deben hacer durante estos cuatro años
Quizá la pregunta más importante no sea:
“¿Es Abelardo de la Espriella realmente cristiano?”
Esa es una cuestión que no podemos resolver simplemente observando un discurso.
La pregunta que sí podemos hacer es:
“¿Sus decisiones como gobernante reflejarán justicia, verdad, honestidad y respeto por la dignidad humana?”
Y existe otra pregunta todavía más importante:
“¿La Iglesia será fiel a Cristo aunque el gobierno la favorezca o la contradiga?”
Porque si mañana el Gobierno toma una decisión correcta, la Iglesia debe reconocerlo.
Si toma una decisión injusta, debe denunciarla.
Si defiende principios compatibles con la verdad bíblica, debemos agradecerlo.
Y si promueve algo contrario a las Escrituras, debemos decirlo con claridad.
Sin miedo.
Sin idolatría.
Sin partidismo.
El tiempo dirá si las palabras se convierten en hechos
La posesión de Abelardo de la Espriella ha abierto una nueva etapa política para Colombia y, al mismo tiempo, un debate particular dentro del mundo cristiano.
Su referencia pública a Jesucristo puede generar esperanza en algunos y escepticismo en otros.
Pero quizá la respuesta más sabia sea esperar los frutos.
No debemos condenar automáticamente una profesión de fe, pero tampoco debemos canonizar a un político por mencionar a Cristo.
La Iglesia debe recordar las palabras de Jesús:
“Así que, por sus frutos los conoceréis”.
Mateo 7:20, RVR1960.
Los próximos cuatro años mostrarán si las palabras pronunciadas durante la posesión se convertirán en decisiones coherentes con los valores que el nuevo presidente afirma defender.
Mientras tanto, los cristianos podemos hacer algo mucho más importante que discutir interminablemente sobre el pasado del mandatario:
orar por él, exigir justicia, defender la verdad, anunciar el evangelio y recordar que Jesucristo sigue siendo el verdadero Rey.
Porque los presidentes cambian.
Los gobiernos cambian.
Las ideologías cambian.
Pero “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
Hebreos 13:8, RVR1960.
