Terremoto en Colombia: horas cruciales para el rescate y un llamado urgente a la oración.

Colombia enfrenta horas difíciles tras el fuerte terremoto de magnitud 7,4 registrado el lunes 10 de agosto, cuyo epicentro fue localizado en el departamento del Chocó, a unos 12 kilómetros de San José del Palmar y a una profundidad aproximada de 103 kilómetros, según el reporte citado del Servicio Geológico Colombiano.

De acuerdo con las cifras proporcionadas por Asocapitales, el desastre deja hasta el momento 1.310 personas heridas y 181 fallecidas, mientras continúan las labores de búsqueda, rescate y atención a los afectados. Pereira, Cali, Quibdó, Manizales y Armenia permanecen entre las principales ciudades en alerta roja debido a la magnitud de los daños.

Las próximas horas son especialmente importantes para los equipos de emergencia. Detrás de cada cifra hay familias que están esperando noticias, personas heridas que necesitan atención y hogares que han quedado marcados por una tragedia que nadie esperaba.

Una tragedia que también nos llama a reflexionar

Ante una situación como esta, es natural que surjan preguntas: ¿por qué ocurren estas tragedias?, ¿qué dice la Biblia frente al sufrimiento?, ¿cómo debe responder un cristiano cuando una nación atraviesa momentos de dolor?

La Biblia no nos enseña a afirmar apresuradamente que cada terremoto, accidente o tragedia específica es un juicio directo de Dios sobre quienes la sufren. Jesús mismo recordó acontecimientos trágicos de su tiempo y rechazó la idea de que quienes murieron fueran necesariamente más culpables que los demás.

En Lucas 13:1-5, Cristo utiliza precisamente una tragedia para llamar a todos al arrepentimiento. El mensaje de Jesús no es especular sobre quién merece el sufrimiento, sino reconocer la fragilidad de la vida y nuestra necesidad de estar preparados delante de Dios.

Los terremotos también nos recuerdan una realidad que la Escritura presenta desde Génesis hasta Apocalipsis: este mundo está afectado por el pecado y no permanecerá para siempre como está. Pablo afirma que toda la creación gime esperando la redención (Romanos 8:19-23).

Pero para el creyente existe una esperanza mayor que cualquier circunstancia presente: Dios sigue siendo soberano aun en medio del dolor.

La Iglesia debe responder con oración y misericordia

Este no es momento para utilizar el sufrimiento de las víctimas para alimentar el miedo o hacer predicciones irresponsables. Es momento de orar, servir y mostrar misericordia.

La Palabra de Dios nos llama:

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”
— Gálatas 6:2, RVR1960

La tragedia debe despertar en nosotros compasión. Mientras los organismos de emergencia buscan sobrevivientes, la Iglesia puede levantar su voz en oración y, cuando sea posible, participar responsablemente en la ayuda a quienes han sido afectados.

También debemos recordar las palabras del Salmo 46:1:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.”

Eso no significa que el cristiano nunca sufrirá. Significa que no enfrenta el sufrimiento solo.

Un llamado a orar por Colombia

Hoy Colombia necesita oración.

Oremos por las familias que han perdido seres queridos.
Oremos por los heridos y por quienes permanecen hospitalizados.
Oremos por quienes todavía esperan encontrar a familiares con vida.
Oremos por los rescatistas, bomberos, médicos, policías, voluntarios y organismos de emergencia.
Oremos por las autoridades que deben tomar decisiones en medio de la emergencia.
Oremos por quienes han perdido sus viviendas y sus medios de sustento.

Y oremos también para que, en medio de esta tragedia, muchos puedan volver sus ojos hacia Dios.

No conocemos el día ni la hora de nuestras propias circunstancias. Santiago 4:14 nos recuerda que nuestra vida es como neblina que aparece por un poco de tiempo y luego desaparece.

Por eso, más que preguntarnos solamente “¿por qué ocurrió este terremoto?”, deberíamos preguntarnos:

¿Estoy preparado para encontrarme con Dios?

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