Países Bajos aplica la eutanasia a un niño de casi 2 años: el caso que reabre el debate sobre la vida y los cuidados paliativos
La muerte del menor, autorizada bajo la regulación neerlandesa de terminación deliberada de la vida, ha generado un intenso debate ético y médico por la existencia de alternativas paliativas discutidas en el expediente oficial.

Aunque numerosos medios han utilizado la expresión eutanasia infantil, el marco jurídico neerlandés distingue este procedimiento porque un niño de esa edad no puede solicitar autónomamente la eutanasia. Por ello, la legislación habla de terminación deliberada de la vida bajo estrictas condiciones médicas y con el consentimiento de los padres.
Se trata del primer caso conocido de un menor de entre 1 y 12 años desde que el gobierno neerlandés amplió su regulación para este grupo de pacientes.
Un niño marcado por graves complicaciones desde su nacimiento
El menor nació con apenas 26 semanas y tres días de gestación, una prematuridad extrema que desencadenó múltiples complicaciones neurológicas y físicas durante toda su corta vida.
Su condición médica incluía:
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Parálisis cerebral espástica.
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Discapacidad visual severa.
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Retraso profundo del desarrollo.
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Síndrome de espasmos epilépticos infantiles.
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Convulsiones frecuentes y difíciles de controlar.
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Trastornos graves del sueño.
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Problemas para deglutir y eliminar secreciones pulmonares.
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Episodios recurrentes de dificultad respiratoria.
Cuando estaba próximo a cumplir dos años, los especialistas estimaban que su desarrollo correspondía aproximadamente al de un bebé de seis semanas, reflejando el profundo daño neurológico irreversible que padecía.
El punto más controvertido: ¿existían otras alternativas?
El aspecto más debatido del expediente no fue únicamente la gravedad de la enfermedad, sino la valoración sobre si el sufrimiento podía aliviarse mediante otros tratamientos.
Según la revisión oficial, médicos independientes consultados inicialmente coincidieron en que la condición era irreversible, pero señalaron dos observaciones importantes:
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No consideraban demostrado que el sufrimiento fuera insoportable de manera continua.
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Indicaron que aún podían explorarse opciones paliativas y medicamentos adicionales para controlar mejor las convulsiones.
Ese criterio quedó registrado expresamente antes de que se autorizara el procedimiento.
El médico tratante defendió otra evaluación
El equipo responsable del niño sostuvo una interpretación distinta.
Para el médico tratante, el sufrimiento no podía evaluarse únicamente por la epilepsia, sino por el conjunto de lesiones cerebrales, discapacidad severa, dolor, dificultad respiratoria y deterioro irreversible que afectaban permanentemente al menor.
Algunas de las alternativas farmacológicas sugeridas llegaron a utilizarse, pero posteriormente fueron suspendidas debido a efectos adversos importantes, entre ellos:
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Agitación intensa.
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Llanto inconsolable.
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Mayor alteración del sueño.
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Empeoramiento del malestar general.
Finalmente, un tercer médico independiente concluyó que el sufrimiento era prácticamente continuo y que no existía una forma razonable de aliviarlo de manera duradera, opinión que respaldó la decisión final.
¿Qué rechazaron los padres?
El expediente también revela que los padres no aceptaron una sedación paliativa prolongada que hubiera llevado progresivamente a la muerte mediante la suspensión de alimentación e hidratación artificial.
Esta diferencia resulta relevante porque, desde el punto de vista bioético, la sedación paliativa y la terminación deliberada de la vida constituyen procedimientos distintos, aunque ambos puedan aplicarse en pacientes con enfermedades terminales o sufrimiento extremo.
¿Qué dice la ley en Países Bajos?
La ampliación de la regulación neerlandesa permite, en circunstancias excepcionales, que médicos puedan poner fin deliberadamente a la vida de niños entre 1 y 12 años cuando concurren criterios muy estrictos.
Entre ellos se incluyen:
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Un sufrimiento considerado insoportable y sin posibilidad de alivio.
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Una enfermedad irreversible y sin esperanza de recuperación.
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El consentimiento informado de ambos padres o tutores.
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La evaluación favorable de médicos independientes.
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La posterior revisión obligatoria por una comisión nacional.
No obstante, este caso demuestra que incluso dentro del propio sistema médico existen diferencias significativas sobre cómo interpretar el sufrimiento y cuándo realmente se han agotado todas las alternativas.
Una reflexión desde la cosmovisión cristiana
Para los cristianos que sostienen la autoridad de las Escrituras, el valor de la vida humana no depende de su desarrollo, autonomía o capacidad funcional, sino de haber sido creada a imagen de Dios.
La Biblia afirma:
“Entonces Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó.” — Génesis 1:27 (RVR1960)
Asimismo, el sufrimiento nunca es presentado como una razón para eliminar la vida, sino como una realidad en la que Dios llama a ejercer compasión, cuidado y amor hacia los más vulnerables.
Los cuidados paliativos buscan aliviar el dolor y acompañar al paciente con dignidad, mientras que la eutanasia plantea un debate profundamente distinto sobre quién tiene la autoridad de poner fin deliberadamente a una vida humana.
