Kalegeya Faruku, un hombre de 40 años en Uganda, fue atacado por sus propios familiares musulmanes después de convertirse al cristianismo.
Según su testimonio, le amputaron ambas manos mientras recitaban versos islámicos, acusándolo de “traicionar” la religión de Allah.
Lo abandonaron desangrándose al borde de una carretera… pero sobrevivió.
Hoy, mientras permanece hospitalizado, su historia está estremeciendo al mundo y reabre el debate sobre la persecución contra cristianos convertidos desde el islam en África.
“Podrán quitarme las manos, pero no mi fe”, es la frase que muchos están usando para apoyar su caso en redes sociales.
Hasta ahora, ninguno de los responsables ha sido arrestado.
El caso ha provocado fuertes reacciones entre comunidades cristianas y defensores de derechos humanos, quienes denuncian que, pese a la gravedad del crimen, ningún familiar ha sido arrestado hasta ahora. Pastores y organizaciones locales exigen justicia y protección para los conversos cristianos que enfrentan persecución por cambiar de religión.
Aunque la Constitución de Uganda garantiza la libertad religiosa y el derecho a elegir cualquier fe, organizaciones internacionales aseguran que muchos exmusulmanes continúan siendo víctimas de violencia, amenazas y expulsión familiar al convertirse al cristianismo.
La historia de Kalegeya Faruku se ha viralizado porque refleja el alto costo que algunos creyentes pagan por seguir a Cristo. En redes sociales, miles de usuarios han compartido mensajes de oración y apoyo bajo frases como: “Le quitaron las manos, pero no su fe”.
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