¿Películas en la iglesia? La polémica del pastor Josh Howerton reabre el debate sobre la centralidad de la predicación bíblica
La serie “At the Movies” del pastor Josh Howerton ha generado un nuevo debate entre cristianos sobre el uso de películas en los cultos. ¿Está la iglesia llamada a entretener o a proclamar fielmente la Palabra de Dios?

En los últimos días, una nueva controversia ha surgido en el mundo evangélico debido a la conocida serie de mensajes “At the Movies” (“En el cine”), presentada por el pastor Josh Howerton, de Lakepointe Church, una de las congregaciones más grandes del área de Dallas, Texas.
La propuesta consiste en utilizar escenas de películas populares como punto de partida para transmitir enseñanzas espirituales. Mientras algunos consideran que este método es una herramienta creativa para acercar a personas alejadas de la iglesia, otros creen que representa un cambio preocupante en la manera de entender el culto cristiano.
Más allá de centrarse en una persona o una iglesia en particular, esta discusión plantea una pregunta mucho más profunda para todos los creyentes:
¿Qué debe ocupar el centro del culto de adoración?
El verdadero propósito del culto cristiano
La Escritura presenta la reunión de la iglesia como un encuentro donde Dios habla a su pueblo mediante Su Palabra.
El apóstol Pablo exhortó a Timoteo:
“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” (2 Timoteo 4:2, RVR1960)
El énfasis apostólico nunca estuvo en hacer el mensaje más atractivo mediante recursos culturales, sino en proclamar fielmente las Escrituras.
La iglesia nació alrededor de la enseñanza de los apóstoles.
Hechos 2:42 declara:
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”
No menciona espectáculos, representaciones teatrales ni entretenimiento como elementos esenciales de la adoración congregacional.
Cuando el entretenimiento reemplaza la exposición bíblica
Vivimos en una generación acostumbrada al entretenimiento constante.
Series, plataformas digitales, redes sociales y videos cortos han reducido la capacidad de concentración de muchas personas. Frente a esta realidad, algunas iglesias han buscado adaptar sus reuniones utilizando recursos audiovisuales cada vez más elaborados.
El problema no es el uso de la tecnología en sí.
Pantallas, proyectores o videos pueden servir como herramientas.
La preocupación aparece cuando la herramienta comienza a ocupar el lugar del mensaje.
Cuando las personas recuerdan más la película que el texto bíblico, o cuando la expectativa principal del domingo es descubrir qué producción cinematográfica aparecerá, algo importante merece ser examinado.
La iglesia no fue llamada a competir con Hollywood.
Fue llamada a proclamar el evangelio de Jesucristo.
La suficiencia de las Escrituras
Una de las doctrinas fundamentales del cristianismo histórico es la suficiencia de la Biblia.
Pablo afirmó:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios… a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17)
Si la Palabra es suficiente para transformar vidas, convencer de pecado, llevar al arrepentimiento y producir santidad, entonces surge una pregunta legítima:
¿Necesita la iglesia apoyarse en el entretenimiento para hacer relevante el evangelio?
La historia demuestra que los grandes avivamientos nunca comenzaron con estrategias creativas, sino con una predicación fiel acompañada por la obra del Espíritu Santo.
Una iglesia centrada en Cristo, no en el espectáculo
La necesidad más urgente de nuestro tiempo no es hacer el culto más entretenido.
Es hacer que Cristo sea más visible.
Pablo escribió:
“Porque no me propuse saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Corintios 2:2)
Ese fue el centro del ministerio apostólico.
No las tendencias culturales.
No los espectáculos.
No las estrategias de mercadeo.
Cristo.
Una reflexión para la iglesia de hoy
La discusión alrededor de la serie “At the Movies” puede convertirse en una oportunidad para que cada congregación examine honestamente sus prioridades.
No se trata únicamente de debatir sobre películas.
La verdadera pregunta es mucho más importante:
- ¿Qué ocupa el centro de nuestras reuniones?
- ¿La congregación sale hablando más de Cristo o de la producción presentada?
- ¿Nuestra confianza está en el poder del Espíritu Santo obrando mediante la Palabra o en la capacidad de sorprender al público?
La iglesia de Jesucristo ha permanecido firme durante dos mil años porque su fundamento nunca ha sido el entretenimiento, sino el evangelio.
En una cultura cada vez más sedienta de novedades, el mayor acto de fidelidad sigue siendo abrir las Escrituras y predicar a Cristo con claridad, convicción y reverencia.
Porque la iglesia no necesita parecerse más al cine; el mundo necesita encontrarse con el Cristo que solo el evangelio puede revelar.
