Ana María, la única sobreviviente de su familia en el terremoto de Cali: una historia de dolor, esperanza y propósito
Ana María, de 23 años, sobrevivió al devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto. Mientras permanece hospitalizada en Cali, se recupera de una cirugía y enfrenta una de las pérdidas más dolorosas de su vida: sus padres, sus dos hermanas trillizas, su tío y su perro murieron bajo los escombros del edificio donde vivían.

Ana María hoy representa una historia de supervivencia en medio de una tragedia que ha dejado profundas heridas en muchas familias. Su vida cambió en cuestión de segundos, pero, en medio del dolor, ella sostiene que su existencia tiene un propósito.
La joven permanece en una clínica de Cali después de haber sido sometida a una cirugía de pelvis. También sufrió fracturas en un brazo y la pelvis. De acuerdo con sus familiares, se encuentra lúcida y recuperándose favorablemente. Si su evolución continúa de manera positiva, podría comenzar a caminar en aproximadamente dos semanas.
Pero mientras su cuerpo se recupera, su corazón enfrenta una realidad devastadora.
Ana María es la única sobreviviente de su familia inmediata. Sus hermanas, Isabella y Sofía; sus padres, Jairo y Vicky; y su tío Diego fallecieron durante el colapso del edificio. También murió su perro, Uci.
¿Cómo sobrevivió Ana María al terremoto?
La supervivencia de Ana María ocurrió en circunstancias que sus familiares consideran extraordinarias.
Las tres hermanas, que eran trillizas, se encontraban preparándose para ir a trabajar cuando comenzó el terremoto. Como siempre, estaban juntas.
Ana María salió hacia el pasillo del segundo piso, pero una puerta cayó sobre ella y quedó atrapada. Su cabeza quedó expuesta entre los escombros y comenzó a gritar pidiendo ayuda.
Sus gritos fueron escuchados por los rescatistas y personas que se encontraban cerca. Poco después lograron sacarla y trasladarla rápidamente a un hospital.
Según explicó su primo Carlos Saavedra, la ubicación donde quedó atrapada pudo ser determinante para que sobreviviera. Una puerta de madera gruesa y algunos muros formaron una especie de espacio de protección dentro del colapso.
Mientras el edificio se desplomaba, Ana María quedó en una zona superficial del derrumbe que permitió que permaneciera con vida.
Su historia se convirtió así en una de las imágenes más poderosas de esperanza después del terremoto.
Ana María perdió a toda su familia
La supervivencia, sin embargo, llegó acompañada de una noticia devastadora.
Mientras Ana María era atendida médicamente, comenzó a conocer la magnitud de la tragedia.
Sus padres, Jairo y Vicky, quedaron atrapados dentro de las habitaciones. Sofía fue encontrada en el hall del edificio. Isabella y su tío Diego quedaron atrapados en las escaleras.
Ninguno logró sobrevivir.
La familia ahora enfrenta una etapa diferente: después de la búsqueda y recuperación de los cuerpos, llegará el momento de despedir a quienes amaban y acompañar a Ana María en su recuperación física y emocional.
Tres hermanas que lo hacían todo juntas
La historia de Ana María también recuerda la vida que compartió durante 23 años con sus hermanas.
Las tres estudiaron Mercadeo en la Universidad Javeriana. Compartieron colegio, universidad y hasta parte de su formación internacional.
Se graduaron como profesionales el mismo día y realizaron su último semestre en Francia.
Aunque eran trillizas, cada una desarrolló talentos particulares. Una tenía inclinación por la pintura, otra por las artesanías y otra se destacaba por su liderazgo.
Pero había algo que las caracterizaba por encima de todo: permanecían juntas.
Su primo las recuerda como jóvenes alegres, trabajadoras, comprometidas y llenas de energía. Eran mujeres cercanas a su familia y acostumbraban compartir tiempo con sus seres queridos.
Hoy esos recuerdos tienen un significado completamente diferente para Ana María.
Ella no solamente tendrá que recuperarse de las heridas físicas provocadas por el terremoto. Tendrá que aprender a vivir en un mundo donde ya no estarán las personas con quienes compartió prácticamente toda su vida.
Una superviviente que habla de propósito
En medio de semejante tragedia surge una pregunta inevitable: ¿por qué Ana María sobrevivió cuando los demás no lo hicieron?
Nadie puede responder completamente a esa pregunta desde la perspectiva humana.
La supervivencia de una persona no significa que el dolor desaparezca ni que podamos explicar todos los acontecimientos de la providencia de Dios. La Biblia tampoco nos enseña a trivializar el sufrimiento o a ofrecer respuestas fáciles frente a una tragedia.
Pero sí nos recuerda algo fundamental: Dios continúa siendo Dios incluso cuando nuestras circunstancias se derrumban.
El Salmo 46:1 dice:
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.
La historia de Ana María puede llevarnos a pensar no solamente en el milagro de haber sobrevivido, sino también en la necesidad de buscar esperanza cuando todo aquello en lo que confiábamos desaparece.
Una casa puede caer. Una familia puede ser separada por la muerte. Los proyectos pueden terminar inesperadamente. Pero la esperanza del cristiano no descansa en la estabilidad de este mundo.
Cuando todo se pierde, Cristo sigue siendo la esperanza
Hay momentos en los que el ser humano descubre que muchas de las cosas que consideraba permanentes realmente no lo son.
Familia, vivienda, trabajo, salud, proyectos y posesiones pueden desaparecer en cuestión de segundos.
Por eso, una tragedia como esta también nos confronta con una verdad espiritual: nuestra verdadera seguridad no puede estar edificada sobre las cosas temporales.
Jesús dijo:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
— Marcos 8:36, RVR1960
Para Ana María comienza ahora un largo proceso de recuperación. Tendrá que sanar sus heridas, afrontar el duelo y reconstruir su vida.
Pero para todos nosotros esta historia deja una pregunta más profunda: ¿sobre qué estamos edificando nuestra esperanza?
La Biblia presenta a Jesucristo como la esperanza segura para el pecador. Él no promete que sus seguidores estarán libres de tragedias, terremotos, enfermedades o muerte. Pero sí promete estar con los suyos y llevarlos finalmente a una esperanza que no puede ser destruida.
Cristo murió y resucitó para salvar a pecadores y dar vida eterna a quienes confían en Él.
Una historia que también nos llama a orar
Mientras Ana María continúa hospitalizada, su recuperación merece nuestras oraciones.
Oremos por su recuperación física, pero también por su corazón. Que encuentre personas que puedan acompañarla, escucharla y sostenerla durante los días difíciles que vienen.
Y, desde una perspectiva cristiana, oremos para que en medio de una pérdida que parece imposible de soportar pueda conocer de manera profunda el consuelo que solamente Dios puede dar.
La tragedia de Cali nos recuerda que vivimos en un mundo quebrantado por el pecado, donde la muerte sigue siendo una realidad. Pero el evangelio anuncia que la muerte no tendrá la última palabra.
Para quienes están en Cristo existe una esperanza mayor que esta vida.
Apocalipsis 21:4 declara:
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor”.
Hoy Ana María se recupera en una clínica mientras intenta asimilar que perdió a sus padres, a sus hermanas, a su tío y su hogar.
Su historia es una historia de supervivencia, pero también puede convertirse en una historia de esperanza.
En medio de los escombros, la pregunta no solamente es cómo sobrevivió Ana María. La pregunta más profunda es dónde encontraremos esperanza cuando todo aquello que amamos se derrumbe. Para el cristiano, la respuesta sigue siendo la misma: en Cristo.
