Colombia propone declarar el 31 de octubre como el Día de la Biblia: ¿una oportunidad para promover las Escrituras o un debate sobre la libertad religiosa?
La propuesta de establecer el 31 de octubre como el Día de la Biblia en Colombia abre una conversación que merece ser analizada desde dos perspectivas: el reconocimiento de la importancia histórica y cultural de las Escrituras, y la protección de la libertad religiosa en un Estado que reconoce la diversidad de creencias.

Para los cristianos, la Biblia no es simplemente un libro histórico: es la Palabra de Dios y la autoridad para la fe y la práctica. Sin embargo, cuando una iniciativa de carácter religioso llega al ámbito legislativo, surgen preguntas importantes: ¿qué significa declarar oficialmente un día dedicado a la Biblia?, ¿beneficia a la sociedad?, ¿puede afectar a quienes profesan otras religiones o no tienen ninguna?, ¿qué experiencias han tenido otros países que han adoptado celebraciones similares?
El debate no debería limitarse a estar a favor o en contra de la Biblia. También debe considerar qué significa proteger la libertad de conciencia, garantizar la igualdad religiosa y permitir que las convicciones cristianas puedan expresarse libremente sin convertirse en una imposición estatal.
1. ¿En qué consiste la propuesta en Colombia?
La iniciativa es impulsada por la senadora Sara Castellanos, del movimiento Salvación Nacional, quien propuso establecer el 31 de octubre como Día Nacional de la Biblia.
La fecha tiene un significado particular para el protestantismo: el 31 de octubre de 1517 se asocia con la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero, acontecimiento que dio inicio a la Reforma protestante. Por eso, la fecha representa una oportunidad para recordar la autoridad de las Escrituras y la importancia que tuvo la Reforma en la historia del cristianismo.
La iniciativa busca reconocer la influencia religiosa, histórica y cultural de la Biblia en Colombia. También se han realizado actividades de promoción, entre ellas la entrega de ejemplares de las Escrituras a congresistas.
Sin embargo, es importante precisar que se trata de una propuesta legislativa y no de una ley vigente. El proyecto debe cumplir el trámite correspondiente en el Congreso.
2. ¿Es beneficioso que Colombia tenga un Día Nacional de la Biblia?
Existen argumentos que pueden respaldar esta iniciativa, siempre que se entienda correctamente su alcance.
En primer lugar, puede contribuir a recordar la importancia histórica de la Biblia.
Las Escrituras han tenido una influencia profunda en la historia de Occidente, en la literatura, la educación, la filosofía, la música y la formación de numerosas instituciones. Una jornada dedicada a su estudio podría ayudar a que nuevas generaciones conozcan su contenido y su influencia.
En segundo lugar, puede abrir espacios para la lectura y la reflexión bíblica.
En una sociedad donde muchas personas desconocen el contenido de las Escrituras, una jornada de promoción de la lectura bíblica puede convertirse en una oportunidad para organizar actividades educativas, conferencias, distribución voluntaria de ejemplares y encuentros culturales.
En tercer lugar, puede dar visibilidad a la libertad de expresión religiosa.
Los cristianos tienen derecho a expresar públicamente sus convicciones, compartir su fe y promover sus principios. La libertad religiosa no significa que las creencias deban permanecer encerradas en los templos o en la vida privada.
No obstante, hay una distinción fundamental: promover la lectura de la Biblia es diferente de convertir una determinada confesión religiosa en la expresión oficial del Estado.
3. ¿Podría afectar la libertad religiosa de los colombianos?
Este es uno de los puntos más importantes del debate.
Colombia es un Estado laico, lo que significa que ninguna iglesia o confesión religiosa puede convertirse en la religión oficial del Estado. Esto no significa que el país sea contrario a la religión ni que las autoridades deban ignorar las creencias de sus ciudadanos.
La Constitución Política establece en su artículo 18 la libertad de conciencia y en el artículo 19 garantiza la libertad de cultos. Este último también señala que todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley.
La Ley 133 de 1994 desarrolla estos derechos y establece expresamente que ninguna iglesia o confesión religiosa será oficial o estatal.
Por tanto, es necesario distinguir dos situaciones:
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Una conmemoración cultural y educativa: el Estado reconoce la influencia histórica de la Biblia y permite actividades voluntarias, sin obligar a nadie a participar ni a profesar una fe.
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Una promoción religiosa desde el poder público: las instituciones estatales favorecen una confesión particular, utilizan recursos públicos para promover sus prácticas o transmiten la idea de que todos los ciudadanos deben identificarse con una determinada religión.
La primera situación puede examinarse como una iniciativa cultural, mientras que la segunda puede entrar en conflicto con la neutralidad religiosa y la igualdad ante la ley.
La Corte Constitucional ha explicado que el Estado debe mantener neutralidad frente a las diferentes convicciones religiosas y también frente a quienes no profesan ninguna religión.
Un antecedente que Colombia no debería ignorar: el caso de Chía
En agosto de 2026, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca confirmó la nulidad del acuerdo municipal que había establecido el 30 de septiembre como Día de la Biblia en Chía.
La decisión consideró que la medida desconocía la neutralidad religiosa del Estado y favorecía una tradición religiosa específica. El caso se relacionó, entre otros aspectos, con la institucionalización de una celebración religiosa y su promoción desde el ámbito municipal.
Este antecedente es importante, aunque no significa que cualquier iniciativa nacional relacionada con la Biblia sea automáticamente inconstitucional. Cada proyecto debe examinarse por su contenido, sus objetivos, sus efectos y la manera en que se implementaría.
4. ¿Qué ha sucedido en otros países que celebran el Día de la Biblia?
Colombia no sería el primer país latinoamericano en establecer una fecha oficial para reconocer las Escrituras. Varias naciones han adoptado conmemoraciones similares.
Experiencias en América Latina
| País | Fecha | Marco de reconocimiento |
|---|---|---|
| República Dominicana | 27 de septiembre | Ley 204-84 |
| Honduras | Último domingo de septiembre | Decreto legislativo |
| Guatemala | Primer sábado de agosto | Decreto 5-2025 |
| Venezuela | Septiembre | Celebración del mes de la Biblia, sin una ley nacional equivalente según la fuente consultada |
Guatemala: una experiencia reciente
En agosto de 2025, el Congreso guatemalteco aprobó el Decreto 5-2025, que declaró el primer sábado de agosto como Día Nacional de la Biblia. La norma contempla actividades educativas, culturales, cívicas y formativas.
La decisión generó críticas y discusiones sobre el papel de las instituciones públicas en el reconocimiento de una tradición religiosa. Es un ejemplo reciente de cómo una iniciativa de esta naturaleza puede generar tanto respaldo como cuestionamientos en una sociedad plural.
Honduras: una celebración establecida
Honduras celebra el Día Nacional de la Biblia el último domingo de septiembre. La jornada busca promover el conocimiento y estudio de las Escrituras.
República Dominicana: una fecha respaldada por ley
En República Dominicana, la Ley 204-84 estableció el 27 de septiembre como Día Nacional de la Biblia. La conmemoración también se integra a actividades de promoción y reflexión bíblica durante septiembre.
¿Cuál es el balance de estos países?
Aquí es necesario hacer una precisión: que un país tenga un Día Nacional de la Biblia no demuestra, por sí solo, que sus ciudadanos lean más las Escrituras, que exista una mayor transformación espiritual o que haya mejorado la convivencia religiosa.
Tampoco se puede afirmar que estas conmemoraciones hayan producido necesariamente una reducción de las libertades de otras comunidades religiosas.
Para establecer ese balance se necesitarían estudios comparativos sobre indicadores como:
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El crecimiento de la lectura y el conocimiento bíblico.
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La participación voluntaria en actividades educativas y religiosas.
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La igualdad de trato entre las diferentes confesiones.
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La existencia de presiones religiosas en instituciones educativas o estatales.
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El uso de recursos públicos y el respeto a quienes no profesan una religión.
Las fuentes disponibles documentan la existencia de las celebraciones y sus marcos legales, pero no ofrecen una evaluación comparativa que permita atribuirles mejoras sociales o deterioros de la libertad religiosa.
La lección es que una fecha oficial no garantiza por sí misma una sociedad más bíblica. El resultado depende de lo que se haga con esa conmemoración y de las garantías que acompañen su implementación.
5. ¿Qué debería garantizar Colombia si aprueba esta iniciativa?
Si el Congreso decide avanzar con esta propuesta, sería importante que el texto legal establezca límites claros para proteger la libertad de todos los ciudadanos.
Hay al menos cinco aspectos que deberían considerarse:
1. Participación voluntaria: ninguna persona debe ser obligada a participar en celebraciones, actos religiosos o actividades de lectura bíblica.
2. Respeto por otras confesiones: el reconocimiento de la Biblia no debe convertirse en discriminación contra católicos, musulmanes, judíos, miembros de otras religiones o personas que no profesan ninguna fe.
3. Neutralidad institucional: las entidades públicas no deben convertirse en instrumentos de promoción de una iglesia particular ni de una organización religiosa.
4. Transparencia en el uso de recursos: si se destinan recursos públicos a actividades culturales o educativas, deben existir objetivos verificables y garantías de igualdad.
5. Libertad para compartir el evangelio: los cristianos deben conservar el derecho de anunciar su fe, distribuir Biblias y organizar actividades de evangelización, siempre respetando la libertad y la conciencia de los demás.
Una conmemoración de esta naturaleza debería servir para promover el conocimiento de las Escrituras, no para establecer privilegios religiosos ni imponer convicciones.
6. Una reflexión desde la perspectiva bíblica: ¿qué significa realmente honrar la Biblia?
Como cristianos, debemos reconocer que el valor de las Escrituras no depende de que un gobierno declare un día especial en su honor.
La Biblia es la Palabra de Dios, independientemente de las decisiones de los gobiernos, las leyes de los países o las celebraciones que se establezcan.
El salmista declaró:
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» (Salmo 119:105, RVR1960).
Esta afirmación nos recuerda que la Palabra de Dios no fue entregada simplemente para ser conmemorada, exhibida o reconocida culturalmente. Fue dada para ser conocida, creída, obedecida y aplicada a la vida.
El apóstol Pablo también escribió:
«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (2 Timoteo 3:16).
Por eso, una celebración del Día de la Biblia debería conducir a algo más profundo que una actividad institucional. Debería despertar interés por conocer el mensaje de las Escrituras, comprender el evangelio y reconocer a Jesucristo como el centro de la revelación bíblica.
También debemos recordar que la fe cristiana no puede imponerse mediante decretos. El evangelio se anuncia, se enseña y se proclama, pero la conversión no es el resultado de una disposición legislativa.
Jesús dijo:
«Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Juan 17:17).
La responsabilidad de la iglesia es proclamar esa verdad con fidelidad, amor y valentía.
7. Una oportunidad para la iglesia, pero también una responsabilidad
La propuesta colombiana puede convertirse en una oportunidad para que las iglesias, las organizaciones cristianas y las sociedades bíblicas impulsen iniciativas de lectura, enseñanza y distribución de las Escrituras.
Sin embargo, los cristianos también deben evitar confundir el reconocimiento político de la Biblia con el avance del reino de Dios.
Una nación puede tener un Día Nacional de la Biblia y, al mismo tiempo, experimentar desconocimiento de las Escrituras, indiferencia espiritual y profundas contradicciones morales.
Por eso, la pregunta más importante no es solamente si Colombia debe tener un Día de la Biblia, sino qué estamos haciendo los cristianos con la Biblia durante los otros 364 días del año.
La iglesia debe continuar enseñando la Palabra, formando discípulos, anunciando el evangelio y defendiendo la verdad de Dios, independientemente de que esta iniciativa sea aprobada o no.
El reconocimiento público de las Escrituras no debe convertirse en una herramienta de privilegio político ni en una imposición religiosa. Debe existir espacio para que los cristianos expresen libremente su fe y, al mismo tiempo, se respete la conciencia de todos los ciudadanos.
La Biblia no necesita que un gobierno le otorgue autoridad; su autoridad proviene de Dios. Lo que Colombia necesita es una sociedad que pueda conocerla, estudiarla y escuchar libremente su mensaje.
