La violencia de grupos criminales volvió a golpear a comunidades rurales del sur de México, dejando a cientos de familias sin casa, sin seguridad y sin medios para sostenerse. En el estado de Guerrero, cerca de 1.000 personas fueron forzadas a abandonar sus hogares, entre ellas aproximadamente 400 cristianos.
Según informó Open Doors, los enfrentamientos comenzaron el 6 de mayo, luego de una disputa territorial entre los grupos criminales conocidos como “Los Ardillos” y “Los Tlacos”. La confrontación alcanzó a varias comunidades rurales y provocó una nueva ola de desplazamiento forzado.
Los habitantes de Xicotlán, Tula y Alcozacán reportaron ataques con drones, incendios y fuertes tiroteos, lo que generó pánico entre la población. Muchas familias salieron con lo poco que pudieron llevar, dejando atrás viviendas, animales, cultivos y pertenencias.
La comunidad de Tula fue una de las más afectadas. Todos sus habitantes abandonaron el lugar después de que al menos 23 casas fueran incendiadas, junto con vehículos y edificios comunitarios, dejando el poblado prácticamente vacío.
En otras zonas cercanas, las pérdidas también fueron graves. Familias enteras quedaron sin vivienda y sin recursos para subsistir, mientras los bloqueos en carreteras y la presencia de grupos armados dificultan la llegada de ayuda humanitaria a las áreas más golpeadas.
El pastor Jairo, líder cristiano que apoya a iglesias en la región, afirmó que la situación supera lo que se ha podido informar públicamente. “La realidad es mucho más dura de lo que se imagina”, dijo a Open Doors, al describir el impacto que viven las comunidades desplazadas.
De acuerdo con el pastor, al menos 170 cristianos desplazados se encuentran refugiados en una ciudad cercana, mientras otros permanecen en iglesias locales bajo condiciones precarias. La crisis también ha dejado congregaciones prácticamente vacías, sin miembros y sin capacidad normal de reunión.
Victoria Vélez, integrante del equipo de Open Doors en México, explicó que obtener información desde la zona se ha vuelto extremadamente difícil. “Estamos bajo condiciones extremadamente peligrosas. Cada detalle confirmado sobre los últimos acontecimientos exige un esfuerzo significativo”, declaró.

