Régimen de Nicaragua elimina las elecciones y aumenta la persecución contra los cristianos: ¿Qué significa para la Iglesia?
Régimen de Nicaragua elimina las elecciones y aumenta la persecución contra los cristianos

Nicaragua atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. El presidente Daniel Ortega anunció que el país dejará de realizar elecciones, una decisión que fortalece aún más el control del régimen sobre todas las instituciones del Estado y genera preocupación dentro y fuera de sus fronteras.
El anuncio no solo representa un cambio político de enorme trascendencia. También incrementa el temor de que la persecución contra las iglesias cristianas, tanto evangélicas como católicas, continúe intensificándose en los próximos años.
Durante los últimos años, diversas organizaciones internacionales han documentado cientos de violaciones a la libertad religiosa, el cierre de ministerios, la expulsión de líderes cristianos y la confiscación de propiedades pertenecientes a organizaciones religiosas.
Ante este panorama, muchos creyentes se preguntan: ¿qué está ocurriendo realmente en Nicaragua? ¿Por qué las iglesias están siendo vigiladas? ¿Qué enseña la Biblia cuando un gobierno limita la libertad de adorar a Dios?
En este artículo analizamos los hechos, el contexto político y la respuesta que las Escrituras ofrecen frente a escenarios de persecución.
Daniel Ortega anuncia el fin de las elecciones en Nicaragua
Durante la celebración del aniversario de la Revolución Sandinista en Managua, Daniel Ortega sorprendió al declarar públicamente:
“Aquí no volverá a haber elecciones.”
Cuando fue consultado sobre la posibilidad de que la oposición recuperara el poder mediante el voto popular, respondió con una frase que rápidamente dio la vuelta al mundo:
“Jamás, jamás, jamás.”
Con estas declaraciones, el mandatario dejó claro que las elecciones presidenciales previstas para noviembre de 2027, en la práctica, dejan de tener sentido dentro del modelo político que impulsa su gobierno.
Ortega gobierna Nicaragua desde 2007 y, durante casi dos décadas, ha promovido reformas constitucionales que han fortalecido el poder presidencial mientras reducen los contrapesos democráticos.
Una concentración de poder que viene creciendo desde hace años
El anuncio no surgió de manera aislada.
Desde hace varios años el gobierno sandinista ha impulsado cambios legales que consolidan el poder en la figura presidencial.
Entre las reformas más importantes se encuentran:
- ampliación del período presidencial;
- modificaciones constitucionales;
- control de las instituciones del Estado;
- restricciones a partidos opositores;
- limitaciones a organizaciones civiles.
En enero de 2025, el Congreso, controlado por el oficialismo, aprobó una reforma que amplió el mandato presidencial de cinco a seis años.
La reforma también fortaleció el papel político de Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega, quien actualmente ejerce como copresidenta del país.
Muchos analistas consideran que estas medidas consolidan un modelo de poder altamente centralizado.
Las elecciones de 2021 ya habían sido cuestionadas
La comunidad internacional llevaba varios años expresando preocupación sobre el estado de la democracia en Nicaragua.
Durante las elecciones presidenciales de 2021, varios de los principales candidatos opositores fueron arrestados, inhabilitados o impedidos de participar.
Finalmente, Daniel Ortega fue declarado ganador de unos comicios cuya legitimidad fue ampliamente cuestionada por diversos gobiernos y organismos internacionales.
La ausencia de una competencia electoral libre generó críticas relacionadas con los derechos políticos y las garantías democráticas.
Ahora, con el anuncio de que el país dejará de celebrar elecciones, muchas de esas preocupaciones parecen profundizarse.
La persecución religiosa también aumenta
Mientras el espacio político se reduce, las iglesias enfrentan una realidad igualmente preocupante.
Diversas organizaciones defensoras de la libertad religiosa afirman que el gobierno ha incrementado las medidas de vigilancia y control sobre comunidades cristianas.
Entre las principales denuncias aparecen:
- detenciones arbitrarias;
- vigilancia policial;
- restricciones para reuniones religiosas;
- cancelación de organizaciones cristianas;
- confiscación de bienes;
- expulsión de pastores, sacerdotes y misioneros.
Estas acciones han afectado tanto a iglesias evangélicas como a comunidades católicas.
La persecución ya no se limita únicamente a líderes visibles. Muchas congregaciones realizan sus actividades bajo constante supervisión de las autoridades.
Cientos de violaciones a la libertad religiosa
Los datos publicados por organizaciones internacionales muestran la gravedad de la situación.
Durante 2025, Christian Solidarity Worldwide documentó:
- 309 violaciones contra la libertad religiosa.
- 55 líderes cristianos detenidos.
Entre los casos registrados se encuentran:
- amenazas;
- interrogatorios;
- vigilancia permanente;
- restricciones para predicar;
- prohibición de actividades evangelísticas;
- limitaciones para reuniones de oración.
La presión ejercida sobre las iglesias ha generado preocupación entre organismos dedicados a la defensa de los derechos humanos y la libertad religiosa.
Más de cinco mil organizaciones clausuradas
La presión gubernamental no comenzó recientemente.
Desde las protestas sociales de 2018, el gobierno ha cerrado más de 5.000 organizaciones, muchas de ellas de carácter cristiano, humanitario o educativo.
Numeras instituciones vinculadas a iglesias perdieron su personalidad jurídica, mientras otras fueron intervenidas por el Estado.
Miles de ciudadanos también abandonaron Nicaragua buscando seguridad y libertad.
Diversos informes sostienen además que decenas de personas continúan privadas de libertad por razones políticas, aunque las autoridades rechazan esa calificación.
¿Por qué preocupa la persecución contra la Iglesia?
La libertad religiosa constituye uno de los derechos fundamentales reconocidos internacionalmente.
No se trata únicamente del derecho a asistir a un templo.
Incluye también:
- predicar el Evangelio;
- enseñar la Biblia;
- discipular creyentes;
- servir a la comunidad;
- educar conforme a las convicciones religiosas;
- reunirse públicamente para adorar a Dios.
Cuando un gobierno limita estas libertades, afecta directamente la vida cotidiana de millones de creyentes.
La historia demuestra que la persecución suele comenzar restringiendo organizaciones y termina alcanzando a las personas.
La perspectiva bíblica sobre los gobiernos
La Biblia enseña que toda autoridad existe bajo la soberanía de Dios.
Romanos 13:1 afirma:
“No hay autoridad sino de parte de Dios.”
Sin embargo, este pasaje no significa que todas las decisiones gubernamentales sean moralmente correctas.
Las Escrituras muestran numerosos ejemplos de gobernantes que abusaron de su poder.
Faraón persiguió al pueblo de Israel.
Nabucodonosor intentó imponer la idolatría.
Herodes asesinó niños inocentes.
El Sanedrín prohibió predicar a los apóstoles.
En todos esos casos, Dios permaneció soberano sobre la historia.
Cuando obedecer a Dios es más importante
En Hechos 5:29 los apóstoles respondieron a las autoridades:
“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
Ese principio ha guiado a la Iglesia durante siglos.
Los primeros cristianos enfrentaron prisión, tortura y muerte por negarse a abandonar el Evangelio.
La persecución nunca fue considerada una señal de derrota.
Al contrario, Jesús advirtió que sus discípulos experimentarían oposición.
Cristo anunció que su Iglesia sería perseguida
Jesús declaró:
“Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán.” (Juan 15:20)
Estas palabras siguen siendo relevantes.
La persecución no significa que Dios haya perdido el control.
Más bien recuerda que el Reino de Cristo avanza en medio de un mundo caído que muchas veces rechaza la verdad del Evangelio.
A lo largo de la historia, la Iglesia ha crecido incluso bajo gobiernos hostiles.
La Iglesia no puede ser silenciada
Uno de los testimonios más poderosos del Nuevo Testamento proviene del apóstol Pablo.
Mientras permanecía encarcelado escribió:
“Pero la palabra de Dios no está presa.” (2 Timoteo 2:9)
Los gobiernos pueden encarcelar predicadores.
Pueden cerrar edificios.
Pueden prohibir reuniones públicas.
Pero no pueden impedir que el Espíritu Santo continúe obrando en los corazones.
La historia de la Iglesia demuestra que el Evangelio suele expandirse precisamente en tiempos de mayor oposición.
¿Cómo puede responder la Iglesia mundial?
Los creyentes de otros países no deben observar esta situación con indiferencia.
La Biblia llama al pueblo de Dios a identificarse con quienes sufren por causa de Cristo.
Hebreos 13:3 exhorta:
“Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos.”
Esto implica varias responsabilidades.
1. Orar por la Iglesia perseguida
La oración sigue siendo el primer llamado para los creyentes.
Debemos pedir fortaleza, perseverancia, sabiduría y protección para quienes enfrentan oposición.
2. Informarse con responsabilidad
No toda información que circula en redes sociales es precisa.
Es importante acudir a fuentes confiables y evitar difundir rumores.
3. Apoyar ministerios que ayudan a la Iglesia perseguida
Diversas organizaciones cristianas trabajan brindando ayuda espiritual, humanitaria y legal a creyentes perseguidos alrededor del mundo.
4. Permanecer firmes en la verdad
La persecución recuerda a la Iglesia que su esperanza nunca debe descansar en sistemas políticos, sino únicamente en Cristo.
Nuestra esperanza permanece en Cristo
Los acontecimientos en Nicaragua generan preocupación legítima por el futuro de la libertad política y religiosa.
Sin embargo, los creyentes encuentran su esperanza en una realidad mucho más grande que cualquier gobierno humano.
Jesucristo continúa reinando.
Él sigue edificando Su Iglesia.
Ninguna autoridad terrenal puede frustrar el avance de Su Reino.
Como afirmó nuestro Señor:
“Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18, RVR1960).
Los gobiernos cambian.
Los imperios caen.
Las ideologías pasan.
Pero el Reino de Cristo permanece para siempre.
Por eso, mientras la Iglesia en Nicaragua enfrenta uno de sus momentos más difíciles, el pueblo de Dios alrededor del mundo está llamado a orar, sostener a los hermanos perseguidos y recordar que la victoria final pertenece al Señor.
Conclusión
La decisión del régimen de Daniel Ortega de anunciar el fin de las elecciones representa un nuevo capítulo en la crisis política que vive Nicaragua. Al mismo tiempo, las denuncias sobre la persecución contra iglesias y líderes cristianos reflejan un deterioro creciente de la libertad religiosa en el país.
Frente a esta realidad, los cristianos están llamados a responder con discernimiento, oración y fidelidad a las Escrituras. La historia demuestra que ningún gobierno ha logrado detener el avance del Evangelio. Como escribió el apóstol Pablo desde la prisión: “La palabra de Dios no está presa” (2 Timoteo 2:9).
Aunque las circunstancias sean difíciles para los creyentes nicaragüenses, la esperanza permanece intacta porque Cristo sigue siendo el Rey soberano sobre todas las naciones y cumplirá su promesa de sostener a Su Iglesia hasta el fin de los tiempos.
