Sinclair Ferguson: “Las Escrituras dan a los cristianos una canción cuando el mundo se derrumba”

El teólogo escocés enseñó en la Conferencia Sing! 2026 que Jesucristo es el verdadero líder de la adoración de la Iglesia y que los Salmos fueron dados por Dios para sostener a los creyentes en medio del sufrimiento.

Jesucristo es el verdadero líder de la adoración

Miles de cristianos reunidos en la décima edición de la Conferencia Sing! 2026, celebrada del 7 al 9 de septiembre en el Gaylord Opryland Resort & Convention Center de Nashville, escucharon un llamado a recuperar una adoración profundamente arraigada en las Escrituras.

El teólogo, pastor y autor Sinclair Ferguson afirmó que, aunque las iglesias cuentan con músicos, instrumentistas y directores de alabanza, solo existe un verdadero líder del canto de la Iglesia: Jesucristo.

“Puede que haya coordinadores de culto, puede que haya instrumentistas, puede que haya cantores, pero solo hay un líder de canto, y su nombre es Jesús”.

Su conferencia formó parte del evento organizado por los compositores de himnos Keith y Kristyn Getty, cuyo tema este año fue “Sinfonía de las Escrituras”, en conmemoración de los 500 años del Nuevo Testamento en inglés de William Tyndale.

El canto nace en la creación y culmina en la redención

Ferguson desarrolló una teología bíblica del canto recorriendo toda la historia de la redención. Comenzó en Job 38, donde las “estrellas del alba” cantan juntas al contemplar la obra creadora de Dios, mostrando que la música no es un invento humano, sino un regalo del Creador.

Según el teólogo reformado, la creación misma posee un lenguaje de alabanza porque cada átomo existe bajo la soberanía de Dios.

Más adelante dirigió la atención hacia Sofonías 3:17, uno de los pasajes más conmovedores de la Biblia:

“Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos.” (RVR1960)

Ferguson explicó que no solo el pueblo canta a Dios; sorprendentemente, Dios también canta sobre su pueblo redimido, revelando la profundidad de su amor y de su obra salvadora.

Los Salmos: un himnario para los días difíciles

Uno de los momentos más impactantes de la conferencia llegó cuando Ferguson habló sobre el propósito de los Salmos. Señaló que Dios no entregó este libro únicamente para expresar gozo, sino también para enseñar a los creyentes cómo orar y cantar en medio del dolor.

“Hermanos y hermanas, necesitan tener algo en mente o en su himnario que puedan cantar cuando el mundo a su alrededor se desmorone”.

El mensaje desafió una visión superficial de la adoración centrada únicamente en emociones positivas. Los Salmos contienen lenguaje para la alegría, la gratitud, el arrepentimiento, el temor, el lamento y la esperanza, formando el corazón del creyente en toda circunstancia.

El testimonio más personal de Sinclair Ferguson

Por primera vez en público, Ferguson compartió lo que describió como “el día más oscuro de mi vida”.

Recordó el momento en que tuvo que comunicar a su madre viuda la muerte de su hermano, recoger el certificado de defunción y atravesar una cordillera para registrar oficialmente el fallecimiento.

Mientras conducía, una pregunta llenó su mente:

“¿Hay algo que pueda cantar durante el viaje?”

La respuesta no vino de una lista de reproducción ni de una melodía popular, sino de la Palabra de Dios. Ferguson comenzó a cantar las palabras del Salmo 23:

“Jehová es mi pastor; nada me faltará… Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.” (Salmo 23:1,4 – RVR1960)

Su testimonio ilustró exactamente el argumento central de su predicación: las Escrituras proporcionan al creyente una canción cuando las fuerzas humanas ya no son suficientes.

Una adoración centrada en Cristo, no en los hombres

El mensaje también corrigió una tendencia creciente dentro de muchas iglesias contemporáneas: convertir al líder de alabanza en el centro del culto.

Ferguson recordó que el Nuevo Testamento presenta a Cristo como Aquel que reúne a su pueblo para cantar. Los músicos sirven a la congregación, pero el verdadero protagonista de la adoración es el Señor resucitado, quien conduce a su Iglesia a glorificar al Padre.

Esta visión coloca la autoridad de las Escrituras por encima de las preferencias musicales y devuelve a la Iglesia una comprensión bíblica de la adoración congregacional.

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