CHINA BAJO LA LUPA: pastores encarcelados y libertad religiosa en deterioro, advierte un informe

Un nuevo informe de Christian Solidarity Worldwide (CSW) advierte que la libertad religiosa en China continúa deteriorándose. Pastores detenidos, restricciones a las iglesias independientes y nuevas disposiciones legales evidencian el creciente control estatal sobre las comunidades de fe. Sin embargo, algunas congregaciones siguen reuniéndose y anunciando el evangelio pese a las presiones.

La situación de los cristianos en China vuelve a encender las alarmas internacionales. Un informe trimestral de la organización Christian Solidarity Worldwide (CSW), correspondiente a octubre de 2026, advierte sobre el deterioro de la libertad religiosa en el país asiático y documenta varios casos de pastores que permanecen detenidos, restricciones al ejercicio de la fe y medidas que podrían ampliar el control del Gobierno sobre las comunidades religiosas.

La preocupación no se limita a las detenciones individuales. Según el informe, las autoridades están fortaleciendo un marco legal que exige a las organizaciones religiosas adaptarse a los principios políticos y sociales establecidos por el Partido Comunista Chino. Esta situación plantea una pregunta fundamental: ¿hasta dónde puede llegar un Estado en su intento de regular la fe y la práctica religiosa de sus ciudadanos?

Una nueva ley aumenta la preocupación por la libertad religiosa

Uno de los puntos centrales del informe es la entrada en vigor, el 1 de julio de 2026, de la Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico.

Christian Solidarity Worldwide advierte que el artículo 46 de esta legislación establece que los grupos religiosos, las instituciones educativas religiosas y los lugares de culto deben promover un sentido de comunidad nacional y adaptarse a una sociedad socialista con características chinas.

Para CSW, estas disposiciones representan una ampliación de la capacidad estatal para intervenir en la vida de las comunidades religiosas y profundizar la política de sinización de la religión, promovida durante los últimos años por el Gobierno de Xi Jinping.

Aunque las autoridades chinas presentan estas medidas como mecanismos para combatir el separatismo, el extremismo y el terrorismo, la organización considera que también pueden favorecer la homogeneización cultural y aumentar la presión sobre las minorías religiosas y étnicas.

El artículo 63 también despierta inquietudes por sus posibles implicaciones fuera del territorio chino, debido a que contempla responsabilidades legales para organizaciones e individuos en el extranjero que realicen acciones consideradas contrarias a la unidad étnica y al progreso nacional.

La preocupación de CSW es que esta disposición pueda utilizarse para justificar intimidaciones, amenazas y vigilancia contra personas que viven fuera de China.

Pastores detenidos y familias separadas

El informe presenta varios casos que muestran las consecuencias humanas de las restricciones a la libertad religiosa.

Uno de ellos es el del pastor John Cao, quien cumplió siete años de prisión por actividades relacionadas con el establecimiento de 16 escuelas en zonas empobrecidas de la frontera entre China y Myanmar.

Aunque recuperó su libertad en 2024, las autoridades continúan reteniendo su pasaporte, lo que le impide reunirse con su esposa y sus dos hijos adultos, quienes viven en Carolina del Norte, Estados Unidos.

Su situación es especialmente preocupante porque padece cáncer de próstata, que, según el informe, se ha extendido a los huesos y la columna vertebral. Además, en octubre de 2024 fue interrogado después de que la Policía irrumpiera en una reunión de Peace Reformed Church, una congregación no registrada, y cuestionara actividades de evangelización y bautismos públicos.

Otro caso es el del pastor David Tang, fundador y pastor principal de Purpose Driven Church, en Wenzhou. Fue detenido el 5 de agosto de 2026 junto con un administrador financiero y cinco trabajadores de la iglesia.

De acuerdo con CSW, los motivos de la detención no habían sido comunicados oficialmente. La organización señala que la congregación presuntamente se había negado a integrarse al Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías, una estructura protestante reconocida y controlada por el Estado.

También se encuentra el caso del pastor Wang Sanyuan, de 73 años, detenido el 17 de marzo. Según el informe, las autoridades no habían informado sobre su ubicación ni sobre los cargos en su contra. La situación genera preocupación adicional por sus antecedentes de problemas cardiovasculares.

El pastor Sun Chenghao, de 44 años, cumple una condena de cuatro años y medio de prisión después de participar en actividades de intercambio cristiano en Corea del Sur durante 2023. Su familia cuestiona la acusación de organizar cruces ilegales de frontera y sostiene que los viajes se realizaron con pasaportes válidos y siguiendo los procedimientos correspondientes.

Su esposa ha denunciado un deterioro importante de su salud, incluyendo agotamiento, debilidad y una pérdida temporal del conocimiento en agosto de 2026.

Estos casos, documentados por CSW, muestran que detrás de las cifras de detenciones existen familias separadas, congregaciones afectadas y líderes religiosos cuya situación física y jurídica genera preocupación.

Iglesia Zion: una congregación que continúa reuniéndose pese a las detenciones

Uno de los aspectos más llamativos del informe es la situación de Zion Church, una congregación protestante no registrada que, según la organización, cuenta con aproximadamente 5.000 miembros.

En octubre de 2025, una operación de las autoridades llevó a la detención de 28 líderes de esta comunidad en diferentes lugares del país. El pastor principal, Ezra Jin Mingri, fue liberado el 4 de julio de 2026, mientras otros líderes continuaban enfrentando procesos judiciales y detenciones, según el reporte.

La congregación ya había experimentado presiones anteriormente. En septiembre de 2018, las autoridades cerraron su edificio principal después de que la iglesia se negara a instalar 24 cámaras de vigilancia.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la manera en que sus miembros han procurado mantener la vida congregacional.

Grace Jin, hija del pastor, explicó a CSW que la iglesia continúa funcionando mediante un modelo denominado “walk and worship” —caminar y adorar—. Los creyentes escuchan sermones e himnos previamente grabados mientras caminan por parques, se desplazan al trabajo o se reúnen con algunos amigos.

La experiencia de esta congregación muestra cómo una comunidad cristiana puede buscar alternativas para continuar recibiendo enseñanza bíblica y manteniendo vínculos entre sus miembros cuando las reuniones tradicionales enfrentan restricciones.

No se trata simplemente de una solución tecnológica. También evidencia la importancia de formar creyentes con fundamentos bíblicos sólidos, capaces de perseverar y mantener su compromiso con Cristo incluso cuando las circunstancias cambian.

¿Qué significa esta situación para la Iglesia en el mundo?

La situación de los cristianos en China debe llevar a las iglesias de otros países a reflexionar sobre la libertad religiosa, la fidelidad a las Escrituras y el valor de la comunión cristiana.

En muchas naciones, los creyentes pueden reunirse públicamente, predicar, organizar actividades evangelísticas y estudiar la Biblia sin enfrentar las restricciones descritas en este informe. Sin embargo, esa libertad no debe considerarse algo garantizado ni debe conducir a la indiferencia frente al sufrimiento de otros hermanos.

Hebreos 13:3 exhorta a los creyentes:

“Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (RVR1960).

Este llamado no es una invitación a observar la persecución desde lejos, sino a recordar que la Iglesia es un solo cuerpo en Cristo. El sufrimiento de los creyentes en una nación debe despertar la oración, la solidaridad y una preocupación genuina en las congregaciones de todo el mundo.

También es necesario defender la libertad religiosa como un derecho fundamental de todas las personas. La libertad de conciencia y de culto no debe depender de que una comunidad comparta las convicciones políticas, culturales o religiosas de quienes gobiernan.

La fidelidad a Cristo no depende de la aprobación del Estado

La historia de la Iglesia demuestra que el evangelio no ha dependido de la aprobación de los poderes políticos para avanzar. Desde sus primeros días, los cristianos enfrentaron oposición, amenazas y encarcelamientos por anunciar que Jesucristo es el Señor.

En Hechos 5:29, Pedro y los apóstoles respondieron ante las autoridades:

“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Esta declaración no justifica la desobediencia indiscriminada a las autoridades ni promueve la confrontación por motivos personales. Enseña que la autoridad humana tiene límites y que, cuando se exige abandonar la obediencia a Dios, el creyente debe permanecer fiel a su Señor.

La Iglesia no existe para obtener reconocimiento político, acomodar su mensaje a las exigencias del poder o reemplazar la autoridad de las Escrituras por las directrices de un gobierno. Su misión es anunciar a Cristo, hacer discípulos y permanecer fiel a la verdad del evangelio.

Por eso, los casos documentados en China también deben llevarnos a examinar nuestra propia realidad. ¿Valoramos la libertad que tenemos para congregarnos? ¿Estamos formando creyentes con convicciones bíblicas profundas? ¿Oramos por quienes sufren por causa de su fe? ¿Estamos preparados para permanecer firmes cuando seguir a Cristo tenga un costo?

Una Iglesia que necesita perseverar

El informe de Christian Solidarity Worldwide presenta una realidad preocupante: pastores detenidos, familias separadas, congregaciones bajo presión y nuevas disposiciones legales que podrían restringir aún más la práctica religiosa en China.

Pero también deja ver una realidad que merece atención: la perseverancia de comunidades que continúan reuniéndose, enseñando y adorando a Dios a pesar de las dificultades.

La esperanza de la Iglesia no está en la estabilidad de los gobiernos, en la protección de las estructuras humanas ni en la aprobación de las autoridades. Está en Jesucristo, quien prometió edificar su Iglesia y afirmó que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella (Mateo 16:18).

La persecución puede limitar espacios, cerrar edificios y detener a sus líderes, pero no puede destruir la obra redentora de Cristo ni anular la promesa de que su evangelio será anunciado.

La pregunta para los cristianos de otras naciones no es solamente qué está sucediendo en China, sino qué estamos haciendo con la libertad que hoy tenemos.

Mientras algunos creyentes enfrentan restricciones para reunirse y anunciar el evangelio, muchas iglesias disfrutan de oportunidades que no siempre aprovechan. Es tiempo de orar por la Iglesia perseguida, defender la libertad de conciencia y, sobre todo, permanecer firmes en la verdad de Cristo.

La Iglesia puede ser presionada por los poderes de este mundo, pero su esperanza y su Señor no están sometidos a ningún gobierno.

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